jueves, 14 de julio de 2011

Citas de los que nunca se conocieron....

Esta es más bien una cita a libros que yo leí antes de que se me viniera a la cabeza escribir reseñas. Incluso se trata de libros que prácticamente no fueron conocidos por la gente dado que no son sagas, son únicos, o los autores no son tan populares; pero yo siempre he pensado que no importa si el autor es popular o no, si no el "¿te interesa la sinopsis que has leído?". Si es así, dale una oportunidad, porque no se trata de lo que lean los demás y de que tu estés dentro de la moda o no, si no de lo que lees por TU propio pie.
Yo creo que eso distingue a los "lectores por moda" de los que leen porque en realidad les gusta.

El título: El quinto mago de Francesc Miralles.

Sinceramente y en un pequeño resumen, el libro no es de fantasía física; más bien es algo psicológico que te ayuda a comprender que, cuando algo no te salga como querías, logres sacar fuerzas y mirar las cosas de otra manera para mejorar; porque dejarse vencer, no ayuda a nada. Entonces, cuando imaginas y planeas y encuentras esa manera de salir adelante, es cuando todo se torna mágico.

No puedo decirles más. La historia podrá no ser de temática fantástica, pero no es pesada y la trama es muy interesante. Ojala ustedes puedan leerlo alguna vez y descubrir lo que yo descubrí; o incluso aún más, ¿no creen?

En fin, aquí les dejo un fragmento un tanto largo de un libro que leí hace ya bastante tiempo.


Capítulo: Los Senderos Invisibles. (Pag. 93-94)

“Tras desvestirse y comprobar su correo electrónico, donde no encontró nada de interés, se metió a la cama con Noelia. […]

Landau desplegó los folios, que estaban escritos a pluma, y empezó a leer. El relato tenía como título Esperando una llamada.
Todo sucede en Nefssand, un islote deshabitado enfrente de Hamburgo. Es una lengua de arena de unos cuatro kilómetros de largo por medio de ancho. Allí sólo viven pájaros y lagartos. Antes de ser declarado parque natural, había albergado una barrio de casas de fin de semana. Ya las demolieron. Como testimonio solo queda una cabina telefónica a pie playa, último vestigio humano en una isla destierra.
Hay una barca de remos sobre la arena. Aunque está prohibido, de vez en cuando llega algún solitario a sentirse Robinson Crusoe por unas horas. En este caso es una adolescente. Su melena rubia desparrama sobre su cuerpo desnudo, apenas bronceado por el sol. Ha elegido la orilla donde se yergue la cabina telefónica, como si estuviera esperando una llamada imposible en el más imposible de los lugares. Yace en el límite entre la tierra y el agua, que masajea con sal marina sus pies demasiado blancos.
Ella está triste. Jules, el muchacho a quien había prometido entregar su virginidad a los quince, ha dejado de existir. La pero traición. Apagó el interruptor de la vida un domingo por la tarde. Lo incineraron por voluntad propia y arrojaron sus cenizas al Elba, el ancho río que alimenta el mar del Norte.
Ella se alegra de que haya sido así. Porque ahora Jules está en todo el mar y puede hablarle desde cualquier orilla. Tan triste y tan bonito.
Mientras se acerca más al agua y separa las piernas, ella presiente a su húmedo amante agazapado detrás de las olas. Hoy ha cumplido los quince. Cierra los ojos, abandona la cabeza hacia atrás y, antes de que la ola de espuma arremeta contra su vientre, suspira:
-Tómame.
[…]

*Todo el fragmento es propiedad de Francesc Miralles y fue presentado en éste blog con el fin de difundir sus lecturas, no el de lucrar, ni el que existiera algún beneficio para el blog.

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